La mansión de los Thalassa en grande y esta noche me resultaba asfixiante. El aroma a cordero asado y especias griegas llenaba el comedor, pero mi atención estaba fija en el hombre que caminaba a mi lado por el pasillo, lejos de los ojos de nuestros padres. Keelen se detuvo frente a la puerta del baño de visitas y me acorraló contra la pared antes de que pudiera entrar.
—Esta noche va a ser larga, pequeña —susurró, su voz era una caricia peligrosa—. Y no voy a permitir que te olvides ni por