Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa suite estaba sumida en una penumbra azulada, solo interrumpida por el rastro de luz de luna que entraba por el ventanal. El sonido rítmico del Egeo contra las rocas era la única banda sonora de nuestra primera noche juntos. Estábamos acostados en aquella cama inmensa, separados por apenas unos centímetros que se sentían cargados de una estática insoportable.







