Finalmente entendió que yo lo sabía todo.
Lo más importante: no me había suicidado. Simplemente ya no lo quería.
Esa realidad le dolió más que la noticia de mi muerte.
Perdió el control y destrozó su estudio a martillazos, reduciendo todo a escombros.
—¡Claire! ¡Regresa! ¡Vuelve aquí!
Sus gritos retumbaron en la villa vacía, pero no hubo respuesta.
Entonces recordó la pregunta que una vez le hice:
—¿Y si un día sí me traicionas?
Él entonces respondió: —Entonces castígame. Hazme buscarte por todo