—Mateo, ya terminé de ducharme. ¿Tienes algo más que decirme? Si no, me voy mejor a dormir —le dijo ella decidida, dispuesta a ir a la habitación de invitados. Pero Mateo la detuvo.
—Espera.
—¿Qué sucede? —le preguntó, volteándose hacia él.
—Ven aquí, siéntate en mi regazo.
Mariana intentó contenerse por un momento, y finalmente aceptó con resignación. Mateo observó con interés su inmediata reacción. Ella caminó hacia él paso a paso, y sin sonrojarse ni alterarse, se sentó con cuidado en su reg