Su aliento ardiente se derramaba sobre su oreja, su pecho palpitaba, presionándose con fuerza contra su espalda desnuda.
—¿Vas a salir así? ¿Te gusta tanto andar desnuda?
¿Preferiría salir desnuda antes que quedarse?
Mariana luchó.
—¡Suéltame! ¿No fuiste tú quien me hizo desvestir? ¿Crees que no me he quitado suficiente? ¿Quieres que me quite las otras dos prendas también?
Conteniendo sus emociones, con voz apagada, dijo:
—Mateo, ¿sabes lo descarado que eres?
Mateo, con el rostro tenso, incómod