En la familiar y grande cama, Mariana, que acababa de ducharse, estaba exhausta. Con el cabello aún medio seco, se dejó caer de manera pesada sobre la gran cama.
Después de la ducha, el dolor ardiente en esa zona había le disminuido de forma considerable, aunque todavía persistía algo de malestar.
Sin embargo, eso no era lo más importante.
Lo más importante era… la píldora anticonceptiva.
Mariana apresurada buscó su bolso con una fuerte mezcla de pánico. La última vez que fue al hospital, había