Capítulo 7

Guillermo soltó un comentario sarcástico al pasar, sin darle mayor importancia. Estaba abrumado por el trabajo; al salir de casa, dejó atrás cualquier asunto familiar o personal, y mucho menos iba a ponerse a reflexionar sobre sus palabras o a considerar los sentimientos de aquella señorita consentida.

Eran las dos de la tarde y el distrito financiero de la capital era un hervidero de carros. El viento arrastraba ráfagas de aire caliente bajo un sol implacable que brillaba en lo alto del cielo.
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