Después de todo, ni siquiera en Hermès un vendedor admitiría de forma abierta la existencia de esa política. Sonreirían y dirían que no es necesaria, para luego sugerir con sutileza si no te interesaría ver joyas o ropa.
Ninguna marca se atrevería a declarar en público que exigía compras forzadas.
Lo más importante era que esa práctica era solo una moda reciente en la tienda, una táctica que ellos, los vendedores, usaban para inflar sus comisiones. Si el asunto llegaba a oídos de la marca, las