Poco después, Beatriz salió con prisa de la cocina. Llevaba un delantal y ya se le veían algunas canas en el cabello.
Debió de ser muy bella de joven. A pesar de su ropa sencilla y el delantal, emanaba esa elegancia natural que a menudo acompaña al conocimiento. Sin embargo, no parecía alguien que hubiera vivido en el extranjero por más de diez años; en su cara se notaba el peso de las dificultades.
El viejo departamento estaba lleno de polvo. Los rayos de luz que entraban por la ventana dibuja