En el privado hubo tres segundos de silencio. Guillermo, Luis y Diego miraron al mismo tiempo a Samuel. Guillermo y Luis disimularon un poco, pero la desaprobación y el asco de Diego eran más que evidentes.
Pero a Samuel se le resbalaba todo; llegado ese punto, todavía tuvo el descaro de actuar como si nada y, volteándose con fingida sorpresa, exclamó:
—¡Ay, Miranda! ¡Por fin llegaste! A ver, a ver, déjame ver. ¡Pero qué guapa vienes!
Miranda, con una sonrisa que no le llegaba a los ojos, le di