El viento nocturno era fresco. De pie ante la entrada del Club Concordia, Brenda levantó la vista hacia el brillo plateado del letrero y, sin darse cuenta, se abrazó los brazos, encogiéndose ligeramente.
Hoy la habían llamado de último momento para sustituir a una famosa actriz, representada por su mismo mánager, a la que le había surgido un imprevisto y no podía asistir a un compromiso social.
Su mánager le había insistido hasta el cansancio que aprovechara bien la oportunidad, pero justo ante