Aquel cruce de miradas resultó tan embarazoso para Miranda como el bochornoso episodio de hacía unas horas, cuando Guillermo la había pillado cantando a todo pulmón en la tina.
Guillermo pareció adivinarle el pensamiento, porque de pronto preguntó:
—¿Por qué me miras así, diosa que a todos hipnotiza?
Al pronunciar esas palabras, diosa que a todos hipnotiza, su tono fue neutro, pero con pausas casi imperceptibles entre cada una, como si estuviera recitando un poema antiguo; solo que aquella tor