Anna
La mañana se levanta suavemente sobre la villa. Abro los ojos con dificultad, cada músculo de mi cuerpo me recuerda la noche que acabo de atravesar. Una noche a la vez ardiente y cruel, marcada por su posesividad. Louis ya no está a mi lado.
La cama está fría. Mi corazón se encoge. Me enderezo lentamente, la mirada perdida en la habitación inmensa y silenciosa. Esta villa se parece más a una prisión dorada que a un refugio.
La puerta se abre sin un ruido. Clara aparece, los ojos bajos, las