Anna
Me despierto lentamente, el cuerpo entumecido, dolorido. La luz se filtra a través de las cortinas, suave, casi irreal después de la noche que acabo de vivir. Cada partícula de mi piel me recuerda sus gestos, sus mordiscos, sus manos posesivas. Cierro los ojos un instante, la garganta apretada. Me siento marcada, devorada… rota y entera a la vez.
Un ruido de vidrio me hace sobresaltar. Giro la cabeza y lo descubro, sentado en un sillón cerca de la ventana. Me mira, un vaso de whisky en la