Anna
Los días se estiran en esta villa de paredes demasiado blancas, con dorados asfixiantes. Me pierdo en ella, prisionera de un lujo que me aleja de todo lo que era. Sin embargo, lentamente, una presencia se infiltra en este vacío. Clara.
Ella es diferente de Hélène. Menos fría, menos distante. Pero nunca sobrepasa el límite invisible que Louis ha impuesto. Siempre me habla con esa reserva que me arranca un pellizco en el corazón. Siempre me llama Madame.
— Madame… hace buen tiempo hoy. Quizá