Anna
No entiendo lo que está pasando. Él está ahí, frente a mí, de pie en esta habitación sofocante donde he llorado demasiado, gemido demasiado, sufrido demasiado. Y sus palabras caen, cortantes, sin apelación.
— Saldrás de este lugar. Hoy.
Lo miro, aturdida, con la garganta apretada.
— ¿Qu… qué?
Louis se acerca, su mirada ardiente anclada en la mía. No deja espacio para la discusión.
— No te quedarás aquí, Anna. Te he dejado demasiado tiempo en esta maldita casa de citas. Se acabó. Vendrás co