Anna
El silencio reina en la habitación. Louis se ha quedado dormido, su respiración lenta, un brazo posesivo sobre mi cintura como una cadena invisible. Yo, en cambio, permanezco allí, con los ojos bien abiertos, incapaz de encontrar el sueño. Mi cuerpo aún arde por sus embates, marcado con sus huellas, pero es mi mente la que tambalea, consumida por la oscuridad de lo que acabo de vivir.
Lo miro dormir y una pregunta obsesiva me taladra la cabeza: ¿a qué monstruo he vendido mi alma?
Su rostro