Anna
Camino detrás de él, con la cabeza baja, el corazón golpeando contra mi pecho. Louis no habla. Su silencio es aún más escalofriante que su ira. Su mano aprieta la mía con fuerza, posesiva, autoritaria. Sé que lo que me espera es peor que todo lo que he podido imaginar.
Me arrastra hasta una puerta gruesa, que nunca había notado a pesar de mis pasos regulares por este casino maldito. Una puerta que no conduce al placer ni a la lujuria, sino directamente al infierno.
— Tienes que ver, Anna.