Anna
El día apenas empieza a atravesar las pesadas cortinas de su habitación cuando abro lentamente los ojos. Su olor me envuelve, embriagador, posesivo. Louis aún duerme, su brazo alrededor de mi cintura, manteniéndome contra él como un tesoro que se niega a soltar. Su aliento caliente acaricia mi nuca, y me estremezco al sentir su mano deslizarse instintivamente sobre mi piel desnuda.
Cierro los ojos un momento, disfrutando de esta calma. Pero muy pronto, sus dedos se animan, suben por mi vie