Anna
El silencio vuelve tras la tormenta de nuestros cuerpos. Louis me lleva a su habitación, esta estancia que ninguna otra ha pisado jamás. El lujo se despliega sin adornos: maderas oscuras, sábanas de seda negra, chimenea encendida. Pero es su olor el que me envuelve, cálido, masculino, embriagador.
Me deja suavemente sobre la cama, sus dedos deslizándose sobre mi piel aún marcada por su posesión. Me estremezco, incapaz de cruzar su mirada. Sé en lo que me he convertido. Su cosa. Su debilida