—Si no fuera porque respeto a Eduardo, ya habría perdido la paciencia contigo. —Me lanzó una mirada llena de desdén—. Siempre he sido tolerante contigo, Mariana, no abuses.
Me reí con dolor. Vi perfectamente cómo cortó mi vestido. ¿Y ahora tenía el descaro de echarme la culpa?
Apreté las mandíbulas, me obligué a ponerme de pie, alcé el brazo temblando, queriendo abofetearla. Antes de que pudiera tocarla, Eduardo se interpuso bruscamente y me detuvo.
Al instante siguiente, me golpeó con el dorso