Tomé asiento en el sofá, con las piernas cruzadas, el cabello aún húmedo por la ducha. Me había bañado en cuanto llegué. El calor ya empezaba a sentirse denso, pegajoso, y después del turno que me había metido, necesitaba limpiarme el sudor, el cansancio, el asco. Lina había salido a comprar algunas cosas, pero era obvio que solo nos estaba dando algo de privacidad. Alaric dormía profundamente en su cuna, ajeno a todo. En la sala, Annette observaba un atrapasueños colgado en la pared.
—Creí qu