- Señor Sullivan, muchas gracias por la bata, ahora puede irse –
Sheila tenía la cara roja, sentía mucha vergüenza y todo era culpa de ese hombre, quería deshacerse del hombre malvado lo más pronto posible.
Leandro, miro a Sheila y la guió por los hombros y acompaño a la mujer hasta su habitación, a Sheila se le hizo extraño, no recordaba haberle mencionado donde estaba su colcha.
¿Como fue que el hombre la guió hasta su puerta?
Cuando llegaron. Luna, estaba desesperada, sin saber dónde se