- ¡Hay Dios! ¡Hombre de hierro! –
Gime la mujer.
- No grites –
Responde el hombre.
Pero, aun así, sus gemidos no escapan de los oídos agudos de Alex.
El chico desde el otro lado de la puerta forma una extraña sonrisa
- “De ahora en adelante tendré que tener cuidado con el jefe, al parecer encontró quien lo haga perder la cabeza” –
Suspiro con picardía y se alejó por fin de la habitación al obtener la clara respuesta de su jefe desde adentro.
Ambos gimen de placer mientras encuentran su ritmo, é