—Lamento mi reacción, pero… creí que eras otra persona… —agregó Ivar en cuanto Jade regresó con la blusa nueva que le ofreció—. No quise asustarte.
—No se preocupe… Está bien —contestó con ternura. Notaba que Ivar parecía torturado—. Entenderé si… no me quedo con el empleo.
—El empleo es tuyo, si aún lo quieres… —añadió Ivar avergonzado por lo ocurrido.
—¡Sí! ¡Por favor! —exclamó y se acercó hasta plantarse del otro lado del escritorio. Entre más cerca estaba de Ivar, más nervioso lo ponía—.