Cuando Ivar llegó a la oficina, se sorprendió de ver a Morgan, escribiendo insistente en su computadora y revisando por ratos la lista de pendientes.
—¿Por qué llegaste tan temprano? —preguntó levantando una ceja.
—¿Quién le dijo que llegué temprano? Tal vez ni siquiera regresé ayer a casa… —dijo Morgan sin despegar la mirada de su pantalla—. Que poca atención le presta a sus empleados, señor Haugen.
—Suelo ignorar a los que son contestones y hostiles…
—Es entendible… No toleramos nuestros de