Narra David De María
Recosté en mi cama a Alondra y le puse más alcohol, para que pudiera olerlo y dormir un rato. Estaba muy preocupado por ella y por ver, que se seguía sintiendo mal, despacio la besé con mucha ternura y ella se deshizo ante mi contacto cerrando los ojos, me asustaba verla así, por que me daba miedo que ella se pudiera desmayar nuevamente.
–Alondra mi amor, ¿Cómo te sientes, mi princesa? – Le pregunté al oído – Te amo, mi muñequita.
–Yo también te amo a ti, David – Respondió