Aurora olió a Fennick en el mismo instante en que llegó a su cabaña. Rápidamente escondió la novela que estaba leyendo bajo la almohada y revolvió su edredón para cubrirse. Cerró los ojos y fingió dormir, bloqueando su mente para que él no percibiera que no estaba realmente dormida.
El golpe esperado sonó en su puerta, pero ella no se atrevió a responder. Sabía que era él y todavía no estaba lista para perdonarlo. El golpe volvió a sonar, pero ella siguió sin responder, rogando en silencio que