La cueva de Ursula estaba envuelta en oscuridad y el único sonido que llenaba el lugar era un suave tarareo que provenía de ella. En un instante, se levantó bruscamente del lugar donde estaba sentada, rechinando los dientes de pura rabia al sentir que sus poderes se estaban drenando. De repente, soltó un horrible grito, echando la cabeza hacia atrás mientras temblaba violentamente.
Caminaba de un lado a otro frente a su espejo, con su larga cabellera negra arremolinándose a su alrededor como un