El trayecto fue apresurado pero fluido hasta que el coche pisó un bache y el volante se trabó. Sage, que había conducido a una velocidad normal, logró pisar el freno, pero falló con el pie en el embrague y el coche tropezó con un badén, haciendo que el vehículo saltara del suelo, golpeara el asfalto de nuevo y se detuviera en seco.
—¿¡Qué estás conduciendo!? —chilló Aurora cuando por fin consiguió respirar. Giró la cabeza hacia Sage, quien ya estaba maldiciendo el bache que había torcido la rue