He fallado durante demasiado tiempo en satisfacer las necesidades de mi chica, pero ya es suficiente.
Todavía en silencio, miré hacia los lados y llamé al primer camarero que apareció en mi campo de visión.
—¿Me puede prestar un bolígrafo? —Le pregunté cuando se acercó, siempre con una sonrisa cordial.
—Sí, señor. —Sacó uno del bolsillo de su delantal, entregándomelo. —Aquí está.
Sonreí en agradecimiento y esperé a que se alejara un poco antes de volver a tomar el papel que Maya dejó doblado so