Su entonación fue brava, pero su declaración fue tan adorable para mí que casi tiré todas las compras al piso solo para aplastarla en un nuevo abrazo, pero encontré la fuerza para seguir adelante sin avergonzarnos delante de las otras personas.
Caminando a su lado y siempre sintiendo sus deditos amasando mi abrigo, deambulamos sin rumbo fijo hasta que ella gradualmente desaceleró sus pasos, deteniéndose poco después. Cuando seguí su mirada, me di cuenta de que estaba mirando una librería y me m