—Puedo hacer algo para nosotros. —Sugerí sentándome en el sofá porque después de tanto tiempo, ya me había quitado los zapatos y recostado perezosamente.
Ares, sin embargo, no parecía tan de acuerdo. —Tu viaje fue largo, ángel. Debes estar cansada.
—Pero quiero cocinar para ti… —Contrapuse, frunciendo los labios, frotándome los ojos para ahuyentar el sueño.
Se acercó en mi dirección y dejó sus cosas en la mesa de centro antes de agacharse frente a mí. —Entonces no hagas nada demasiado laborioso