Sonreí, moviendo la cabeza de arriba abajo. —¡Está bien!
Él también me sonrió y me mordí el labio, ansiosa, cuando apoyé la cabeza en su hombro, levantándola de vez en cuando para poder ver las calles de Cádiz. Luego de pasar unos minutos dentro del auto, nos bajamos en el estacionamiento de Seon Roll y después de pagar nuestras entradas y recibir instrucciones para subir y bajar, nos dirigimos al sendero que nos llevaría a la cima del pico.
La primera parte del camino era plana, a lo largo de