—¿Me puede dar otro de atún? —Le pregunté a una de las mujeres que atendían, después de comerme el primero.
Ares ya iba por el segundo, sentado en el asiento de plástico a mi lado. Como el conductor del taxi había dicho, era un lugar muy sencillo, sin mesas, con todos los asientos dispuestos delante de un mostrador estrecho. Sin embargo, la comida era lo mejor que había comido, y tenía algo de acogedor en la simplicidad del local.
Por todos lados, otros puestos vendían varias cosas más, y eso m