—No se preocupe por eso. Alma explicó la situación. —Respondió Ares con la misma cortesía y una sonrisa amistosa en su rostro, mientras que Alma y yo casi nos volvíamos tomates por estar tan rojos. —Espero que no hayamos causado ninguna molestia también. —Insistió, esta vez mirando discretamente hacia la mujer.
Ella bajó la mirada, tímida, y me sorprendí cuando la vi balancear la cabeza hacia los lados, débilmente, pero luciendo sincera.
—No molestaron… —Confesó, entonces, a pesar de cierta con