Me di cuenta de que su mirada vaciló debajo de la mía, y entonces sostuve su rostro con mis manos, determinada, pidiéndole que siguiera mirándome, para darse cuenta de que no estaba hablando de dientes para fuera cuando seguí adelante, sin vacilación alguna.
—Pero siempre tuviste paciencia conmigo, siempre aceptaste mis defectos y me ayudaste a mejorar cada uno de ellos. Así que ahora haré lo mismo por ti. Yo te cuidaré, como siempre lo hiciste por mí.
—Ángel… —Trató de empezar a hablar, pero y