Nunca sabré cuánto tiempo estuvimos así, buscando consuelo y al mismo tiempo matando el anhelo de sentir nuestros cuerpos el uno contra el otro porque, al final, era lo que ambos necesitábamos. Necesitábamos estar juntos.
Cuando nuestras respiraciones parecían haber recuperado su ritmo normal después de toda la agitación, Ares arrastró sus manos hasta mi cintura y besó mi cuello con cuidado antes de alejarse para poder mirarme a los ojos.
Solo entonces me molestó la hinchazón en mi rostro y, av