—Por eso mismo tenemos que tener fe —Habló despacio, como si cada palabra fuera un ancla— Korina es fuerte. Siempre lo ha sido y Darío… —Respiró hondo— No es un hombre que no abandona a los suyos —
Maritza abrió los ojos, húmedos—El poder atrae desgracias, Samanta y oro para que mi hija regrese sana y salva al igual que mi nieto —
—También puede traer protección — Respondió ella con firmeza— Y esta vez no están solos —Apretó su mano— Van a volver. Los tres, te lo prometo —
Maritza tragó saliva