Don Darío giró apenas el rostro hacia ella. Sus ojos eran de acero puro, pero su voz fue suave —Vete, amor. Llévate a nuestro hijo y yo me encargo...estaré bien —
Y entonces ocurrió... Johan llegó a alcanzarlo —¡Esto es por arruinarme la vida! — Gritó, levantando el puño.
Darío no retrocedió, simplemente respondió y era la adrenalina de la venganza por tocar a su familia y decepcionarlo. El primer golpe fue brutal, directo al rostro de Johan. El impacto resonó en la sala y el hombre cayó hacia