Ella, con una sonrisa leve y educada lo miro — ¡Oh gracias!, pero no tomo —
— ¿Darío cómo es que ella no toma? — Eso lo hacía analizar cómo tratarla.
— No le gusta e igual hay aguas saborizadas, puedes solicitar lo que gustes —
— Muy bien y gracias —
Ella, con una sonrisa leve y colaborando con la solicitud de Don Darío, repartía copas de vino y respondía con cortesía a los saludos. Lo hacía con tanta gracia que incluso algunos comenzaron a mirarla con curiosidad más allá de lo superficial.
— Qué lugar más elegante eligió, Don Darío — Comentó uno de los empresarios, levantando su copa.
— Es importante que las reuniones no siempre sean sobre números y paredes grises —Respondió él, sin apartar la vista de Korina mientras ella acomodaba unas servilletas con gesto delicado.
Los murmullos y las conversaciones continuaron, el clima era ligero, pero con el trasfondo de negocios importantes. Y aunque las palabras iban sobre inversiones y proyectos, Don Darío apenas podía evitar que, de