Kael POV
—¿O vais a dejarla morir?
La pregunta de Alejandro, afilada como una cuchilla de plata, cortó el aire tenso del claro. No era una pregunta, era una acusación, un desafío.
Y nos golpeó a Damián y a mí con la fuerza de un puñetazo físico. La rabia autodestructiva, la necesidad de culpar al otro, se evaporó, dejando solo la fría y dura vergüenza. Tenía razón.
Nos habíamos estado comportando como cachorros heridos, mientras ella, nuestra Reina, nuestra mate, estaba en manos de monstruos.