Nos sentamos en la salita de mi despacho luego de que Berta nos hubiera traído la botella de jerez y las dos copas. Serví las dos bebidas y ofrecí un brindis por la oportunidad que teníamos de conocernos. Llevamos las copas a nuestros labios y, después del primer sorbo, le comenté mi idea a Esmeralda.
—Uno de nuestros hoteles está requiriendo de un chef —dije—, se trata de uno recién inaugurado que, al momento de abrir sus puertas, contaba con uno francés de gran categoría internacional, pero