Cuando probé la crema no quedé decepcionado, sino, al contrario, fascinado. El plato de la noche anterior no había sido solo un asunto de suerte, sino la confirmación de que la joven era una chef con grandes cualidades y, si la crema me entusiasmó, el solomillo consiguió enamorarme y eso era, precisamente, lo que más temía.
—Me parece, señor, que si considera usted que la chef del bistró tiene las cualidades para ese puesto, debería hablar con ella y contratarla —Había dicho Gerardo, mi secret