Estábamos todos de lo más monos, recién bañaditos, cuando nos reunimos en la piscina. Al mirar a Teressa, a quien todavía escurría el pelo, también me fije en Filip y no pude dejar de imaginarlos en la ducha porque seguro y se habían bañado juntos. Cómo los envidiaba por poder hacer eso, mientras que a mí me tocaba suspirar y preguntarme dónde estaría mi amado, de quien no sabía ni el paradero.
—Esma, Esma —susurró Rubí, a mi lado.
—¿Uh?
La miré, extrañada, mientras me hacía ojos en dirección