Eran dos victorias, del todo inesperadas, para los junior. Estábamos felices, aunque todavía no podíamos sentirnos ganadores porque Anne, la francesa, seguía estando en el concurso y ella era la rival a la que considerábamos más difícil.
—Chicas, chico, esto igual hay que celebrarlo —dijo Teressa cuando nos reunimos a brindar en el mismo bar en donde había visto, y hablado, con Héctor por última vez.
Levantamos las copas de nuestros cocktails, Filip su botella de cerveza, y ellos, que eran s