Caleb vio por tercera vez su reloj, tenía boletos en mano y su equipaje había sido ya guardado. Sacó su móvil y, fastidiado, marcó a Stefano.
—¿Sí? – respondió Stefano que, en su hogar, ya se disponía a darse una ducha.
—Tu nueva contratación— habló Caleb viendo como un empleado del aeropuerto le indicaba dirigirse hacia la sección de seguridad – Despídela –
– ¿Que? ¿No te pareció adecuada o…?
—No ha llegado todavía, no pienso esperarla— interrumpió molesto el rubio al tomar el pasillo para qu