La castaña negó y resopló cansadamente mientras sentía las miradas de las dos chicas caer en ella.
—Yo detesto a Caleb, me molesta que la haga sufrir— le aclaró recelosa — pienso definitivamente que si no se hubiera enamorado de él estaría mejor – se sincero Kristel.
—Pero lo hizo – puntualizo Hillary.
—Lo sé— aclaró de nueva cuenta Kristel — Y lo que también sé, es que no fue sólo un capricho lo que lo hizo — dijo e hizo una pausa sin saber qué nombre darle al acto cometido por el rubio de