Mundo ficciónIniciar sesiónLeonard consultó el reloj por enésima vez, aunque conocía la hora de memoria. Aún faltaba media hora para la reunión en el despacho de Alberto Morel, y esa espera se le hacía innecesariamente larga. No porque temiera lo que fuera a discutirse allí —eso ya estaba decidido—, sino porque odiaba los intervalos muertos, esos espacios en los que no se actúa pero tampoco se descansa, y en los que







