El silencio que siguió al nombre de Catalina no fue inmediato. Fue denso. Como si el aire del salón hubiera tardado un segundo más de lo normal en volver a circular.
Valeria no preguntó nada.
No porque no quisiera saber, sino porque había aprendido que, cuando Helena callaba después de pronunciar un nombre, era porque aún estaba decidiendo cuánto de la verdad merecías escuchar.
Leonard fue el primero en moverse. Apenas un gesto: se recostó en la silla, cruzó los brazos con lentitud, como si